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El argumento largo · 5 minutos

Por qué vale la pena

Qué se apagó exactamente y qué sigue funcionando, qué tan probable es que te pase algo a ti, y por qué cambiar una computadora que sirve por una nueva es lo menos ecológico que puedes hacer con ella.

Nada de esto hace falta para instalar. Si ya te decidiste, vete directo al manual.

Si decides no hacer nada

Mucha gente va a seguir usando su Windows 10 como si nada, y es una decisión legítima que hay que poder tomar con información.

Lo que sigue funcionando (que es más de lo que dicen)

Tu computadora no se va a apagar ni te va a salir una pantalla roja. Y varias cosas siguen recibiendo mantenimiento por su cuenta:

  • El antivirus de Windows. Microsoft Defender va a seguir recibiendo actualizaciones de definiciones de virus hasta octubre de 2028. O sea que sigue reconociendo malware nuevo.
  • El navegador. Microsoft Edge tiene soporte confirmado en Windows 10 hasta octubre de 2028. Chrome no lo ha confirmado, pero cuando pasó lo mismo con Windows 7 aguantó hasta el final. Firefox también sigue.
  • Office. Sigue funcionando, aunque desde agosto de 2026 ya no recibe funciones nuevas en Windows 10, sólo parches de seguridad.

Esto importa porque significa que no estás desnudo mañana. Tienes tiempo para hacer esto con calma.

Lo que se apagó y no vuelve

El sistema mismo. Cada agujero de seguridad que se descubra de aquí en adelante en Windows 10 se queda abierto para siempre. Microsoft publica parches el segundo martes de cada mes: en 2025 tapó más de 1,100 fallas. No todas afectan a Windows 10 ni todas son graves, pero da una idea del ritmo al que aparecen agujeros en un sistema operativo moderno.

Lo que casi nadie explica

Esto va a peor cada mes, y lo hace por culpa de los parches de Windows 11.

Se llama patch-diffing y funciona así: cuando Microsoft publica una corrección para Windows 11, los atacantes comparan el antes y el después para ver exactamente qué se arregló. Como Windows 10 y Windows 11 comparten buena parte del mismo código, esa comparación les dice dónde está el mismo agujero en Windows 10, con la certeza de que nadie lo va a tapar.

Dicho de otro modo: cada segundo martes de mes, Microsoft publica sin querer un mapa de dónde atacar las máquinas que se quedaron atrás.

Ya pasó antes y sabemos cómo se ve. En mayo de 2017 se soltó WannaCry, que aprovechaba una falla del protocolo que usa Windows para compartir archivos en red y se propagaba solo, sin que nadie tuviera que abrir nada. Tumbó hospitales del sistema de salud británico, plantas de Renault-Nissan y la operación de FedEx; el daño se calculó entre 4 mil y 8 mil millones de dólares. El detalle que hay que retener: Microsoft había publicado el parche dos meses antes. Más del 95% de las máquinas infectadas eran Windows 7 que simplemente no lo habían aplicado.

Con Windows 10 hoy la situación es peor en un punto y mejor en otro. Peor, porque ahora el parche ni siquiera va a existir. Mejor, porque tú eres una persona en su casa, no un hospital con miles de máquinas conectadas entre sí.

Qué tan probable es que te pase a ti

Microsoft reporta en su informe anual de seguridad que más del 90% de los ataques de ransomware que llegan a cifrar archivos entran por dispositivos sin administrar — máquinas sin controles de seguridad ni nadie vigilándolas. Una computadora doméstica sin parches es exactamente eso. Pero el riesgo no se reparte parejo. Sube mucho si:

  • Usas esa computadora para el banco o para trabajar.
  • Está conectada a una red con otras computadoras (una oficina, un consultorio, un negocio).
  • Guardas ahí cosas que no tienes en otro lado: fotos de años, documentos, tu contabilidad.
  • La usa alguien que abre lo que le llega.

Y baja bastante si es una máquina de escritorio en tu casa, para navegar, con todo respaldado en otro lugar.

Aunque nunca te pase nada malo, la máquina se va a ir quedando sola: Nvidia deja el soporte completo de controladores para Windows 10 en octubre de 2026, los fabricantes ya empezaron a dejar de dar soporte a sus programas, y los aparatos nuevos que compres van a llegar sin controladores.

Si decides quedarte, haz al menos esto

Ten un respaldo de tus cosas en un disco o memoria que no esté conectado a la computadora. Si algo cifra tus archivos, se lleva también lo que esté enchufado.

Mantén el navegador actualizado y usa Firefox o Chrome, no cosas raras. Deja prendido Microsoft Defender. No uses esa máquina para el banco si puedes hacerlo desde el celular. Y contraseñas distintas para el correo y para el banco, porque quien entra al correo puede pedir el cambio de contraseña de todo lo demás.

Con eso reduces bastante el riesgo. No lo eliminas, pero es infinitamente mejor que no hacer nada.

La cuenta ambiental

Hay un dato que casi nadie conoce y que le da la vuelta a todo lo que uno cree sobre reciclar aparatos.

El 81% ya se gastó

Cuando uno piensa en el impacto ambiental de una computadora, piensa en la luz que consume. Es al revés. Los estudios de ciclo de vida coinciden con una consistencia incómoda: la fabricación se lleva alrededor del 81% de toda la huella de carbono de una laptop. El uso, o sea todos los años que la tuviste prendida, apenas anda en el 14%. El transporte suma 4% y lo que pasa al final de su vida, menos del 1%.

Traducido: el daño ambiental de tu computadora ya ocurrió, completo, antes de que la desempacaras. Se gastó en sacar el litio, el cobalto y las tierras raras de una mina, en fundir el aluminio, en fabricar la tarjeta madre y la pantalla, y en cruzarla medio mundo en barco. Fabricar una laptop cuesta entre 215 y 400 kilos de CO₂ según el modelo; Dell calcula 322 kilos para una de sus máquinas de trabajo típicas, HP unos 275.

Por eso la frase «recíclala y compra una nueva» suena bien pero no cuadra. Cambiar una computadora que funciona por una nueva no ahorra emisiones: las paga otra vez, completas, desde cero. Alargar la vida del aparato que ya existe es, con mucho, lo más ecológico que se puede hacer con él.

El tamaño del tiradero

PIRG estimó que el fin de Windows 10 puede mandar al basurero hasta 1,600 millones de libras de aparatos, unas 725 mil toneladas: el mayor evento de obsolescencia por software que ese grupo ha documentado desde que lleva la cuenta, en 2014. Y eso cae sobre un problema que ya venía creciendo solo — el mundo generó 62 millones de toneladas de basura electrónica en 2022, camino a 82 millones para 2030, de las cuales apenas el 22.3% se recolecta y recicla de manera documentada.

México genera alrededor de 1.5 millones de toneladas al año, unos 12 kilos por persona: somos el tercer generador de América, detrás de Estados Unidos y Brasil. El problema no es cuánto generamos, es a dónde va. Aquí se recicla formalmente el 3.5%. Otro 20 o 30% pasa por circuitos informales que recuperan lo que se puede vender —aluminio, fierro, cobre— y dejan el resto, que trae plomo, mercurio, cadmio y retardantes de flama, y que se quema al aire libre o se entierra.

Lo que esto significa para ti

Instalarle otro sistema a tu computadora no es un acto simbólico. Es la única manera real de no pagar de nuevo los 300 kilos de CO₂ que ya se gastaron en fabricarla, y de que no acabe en un tiradero donde alguien la va a quemar para sacarle el cobre.

Si de plano tu máquina ya no da, hay dónde entregarla bien: está en la sección de México del manual.

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