Por: Sascha Hannig y Rafael Rincón

Y, al final, el inexorable día llegó. El nuevo editor del histórico y en otro tiempo prestigioso diario venezolano El Universal la llamó a su oficina. Iba a comunicarle aquello que, de alguna manera, ya veía venir: que estaba despedida. Después de 19 años dibujando, como ella misma dice, «la destrucción del país», Rayma Suprani había irritado más de la cuenta al régimen con su viñeta. Y es que El Universal ya no era el mismo de antes. Con el rotativo traspasado a control de un consorcio afín al chavismo, el gobierno tenía poder extra para sacar rápidamente a las incomodidades de sus escritorios. La irreverencia intelectual y artística de la caricaturista era una de ellas, y desde el cambio de manos del periódico tenía los días contados. De hecho, ya la habían advertido.

Una atrevida denuncia gráfica el 18 de septiembre de 2014 fue la gota que rebalsó el vaso. Usando la icónica —y a esas alturas sagrada— firma del difunto Comandante Chávez, Rayma señaló con su agudo lápiz a quién se debía la catastrófica crisis nacional de la salud. Estaba consciente de lo que seguramente tendría que enfrentar en un sistema que estrangula la independencia y la libertad de expresión, pero no así dispuesta a autocensurarse. Sabía que ejercer el derecho a la crítica era —y es aún en la Venezuela chavista— como jugar a la ruleta rusa. Puede detonar la munición a la primera… o en cualquier otro intento.

Descendiente de italianos que llegaron a Venezuela huyendo del fascismo, Rayma nació y se formó en democracia, y en eso que hoy llaman la «Venezuela Saudita», irónicamente un término caricaturesco usado hasta el día de hoy para referirse a aquel país que crió a tantos venezolanos en la bonanza petrolera, en esa era de abundancia que se recuerda con la nostalgia del «éramos felices y no lo sabíamos».

La historia de Rayma es la de muchos venezolanos de su generación y representa a la vez varias facetas, la del disidente, la del emigrante… la del dos veces emigrante. La del talento que no tiene forma de respirar en un entorno asfixiante y hostil. La de la primera diáspora masiva de la historia republicana que hoy suma a millones de compatriotas esparcidos por todo el mundo. Esperanzada y deseosa de dibujar la reconstrucción de su país, Rayma tiene un impacto que va más allá del dibujo. Esta es su historia.

1.Traduciendo la vida en dibujos

Chavez ganó las elecciones en 1999 y ascendiò al poder

¿Cuándo y cómo empezaste a dibujar?

Yo empiezo a dibujar desde pequeña. Realmente mi modo de expresión primario siempre han sido el dibujo y la expresión gráfica, mucho más que poder hablar o decir algo verbalmente o por medio de la escritura.

¿Qué opina tu familia de tu trayectoria artística?

Creo que están orgullosos por el trabajo que se ha hecho. Pero han tenido mucha tensión por la persecución política y angustia de cuando estaba perseguida por la fiscalía, por las amenazas de muerte, los insultos anónimos. Todo esto genera mucha angustia familiar. La contención es importante en esos momentos, de los amigos, de los editores también. Todo lo que significa la red de apoyo internacional y familiar es lo que hace que uno pueda sobrellevar el ataque totalitario de un gobierno.

Los acontecimientos del Charlie Hebdo marcaron una pauta en la confrontación religiosa, en la confrontación totalitaria frente a la razón.

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¿Cómo es la Venezuela que tú recuerdas de los años 70 y 80, esa donde tú creciste?

En este momento hay una situación muy terrible de deterioro. De horror y de guerra. De hambre y de necesidades básicas que no están cubiertas. Yo nací en democracia. Nací en un país con muchas libertades, con muchas opciones, con posibilidades. Un país petrolero que pasó de una vida rural a una vida moderna muy rápido.

Mi generación, y otras durante los 40 años que duró la democracia, tuvieron la oportunidad de estudiar, de graduarse en la universidad, de pensar y de poder aportar al país.

Haber nacido en libertad, en democracia, me hizo tener un pensamiento muy libre, que creo que a las personas que nacen en dictadura se les hace más complicado alcanzar. Eso lo he constatado con unos colegas caricaturistas que nacieron en Cuba o en otros regímenes con más limitaciones de libertad.

Yo trabajé durante 19 años en un diario, desde cuando empezó el gobierno de Chávez, y ahí empecé a publicar, digamos formalmente, mi editorial diaria en El Universal. Fueron 19 años dibujando la destrucción de Venezuela, la destrucción de la legalidad, el cambio de la constitución, procesos que se dieron para mi tristeza y dolor… porque tuve que representar en el dibujo todo este cierre, esta desmantelamiento de una nación, de una república, hasta lo que se ha llegado hoy, que ya es algo definitivamente dantesco.

Tú eres periodista de profesión… ¿cómo llegaste a ser caricaturista de El Universal? Y si puedes contar a las personas que van a leer esta entrevista, y que quizás no te conocen, ¿por qué finalmente sales de El Universal?

Yo tuve siempre una necesidad de dibujar. Crecí traduciendo la vida en dibujos. Sentí la necesidad de estudiar comunicación social para darle un poco más de nivel a la escritura. Luego empecé a trabajar en un diario, todavía estudiando en la universidad, llamado “Economía Hoy”. Ahí pude hacer la conexión con las dos cosas que me apasionaban: el periodismo y el dibujo. Al mezclar esas dos pasiones podía trabajar con ideas, pensar en las posibilidades políticas y económicas del país, jugar con los códigos gráficos, o crear universos propios de personajes míos.

Pasé por el Diario de Caracas, que fue muy representativo para Venezuela. En 1999 me fui a El Universal. Antes era un periódico muy clásico, muy ortodoxo, y en ese entonces empezó a renovarse, a cambiar sus páginas e incluir en su equipo a gente más joven.

Coincide justamente con la llegada de Chávez en ese año…

Justamente. Ese año yo me bauticé con el deslave que hubo en el estado Vargas, una tragedia natural producida por el exceso de lluvias donde hubo muchísimos muertos.

A partir de ese evento, la tragedia ha sido una constante en el escenario político venezolano, porque esa misma fecha fueron las elecciones y no hubo ayuda para socorrer a las personas que estaban necesitadas. El interés era ganar la elección.

Autor: El ambiente de fines de los años 80 e inicios de los 90 en Venezuela estuvo marcado por problemas económicos, escándalos de corrupción, descontento social y desestabilización democrática. En febrero de 1989 se produjeron las grandes y violentas manifestaciones que hoy se recuerdan como “El Caracazo”. Estas empezaron en la ciudad de Guarenas y se extendieron rápidamente hasta Caracas, la capital del país, ubicada a pocos kilómetros. En 1992 hubo dos intentos de golpe de Estado contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez. El más conocido e importante fue el del 4 de febrero, que catapultó a Hugo Chávez a la escena pública. El entonces teniente coronel, junto a otros compañeros de la asonada golpista, acabó en la cárcel y salió libre en marzo de 1994. En diciembre de 1998, como «crónica de una muerte anunciada», Chávez llegó al poder como presidente electo.

2. Los periodistas no son Kamikazes

¿Dónde están esos límites difíciles entre lo que es la burla, la libertad de expresión y la corrección política?

Yo creo que es una gran responsabilidad. Los acontecimientos del Charlie Hebdo  marcaron una pauta en la confrontación religiosa, en la confrontación totalitaria frente a la razón. Pues la caricatura trabaja con la razón y la religión trabaja con el dogma, y cuando estas dos posibilidades se confrontan, pues ocurre lo que pasó con el asesinato de estos caricaturistas en Francia.

Creo que eso ha generado una enorme discusión sobre los límites de la libertad de expresión. Para mí no los tiene. No podemos tener un censor para decir hasta dónde llegar. Se trata de que cada quien pueda tener su estilo, con las responsabilidades que amerita tener una opinión. Los caricaturistas no somos kamikazes dibujando bombas en los periódicos. Todo tiene que estar atado a lo que queremos denunciar.

¿Tú recuerdas alguna vez donde te hayas autocensurado, donde hayas dicho “hasta acá llego yo”?

El compromiso que uno adquiere frente a la hoja en blanco es tratar de despojarse de los tabúes propios que uno pueda tener. A mí me educaron como católica, pero yo he sido una férrea crítica de los abusos de niños en la Iglesia católica. Yo creo que ese desdoblamiento es parte de la responsabilidad. De eso se trata la libertad.

Pareciera difícil utilizar la caricatura para dibujar el drama y la tragedia, e incluso la vileza. ¿Cómo se logra eso sin correr el riesgo de banalizarla?

Tienes que tratar de seleccionar bien cuál es verdadero punto que quieres mostrar. Yo creo que en mi trabajo político, con un régimen totalitario como el de Venezuela, las risas se nos han transformado más bien en una mueca de dolor. Yo sufro mucho haciendo las caricaturas de la destrucción de mi país y a veces lo que represento es mi propio dolor o el dolor que puedo ver que sufren los demás.

Si me hubiese quedado en Venezuela estaría presa o no hubiera podido seguir haciendo mi trabajo.

Tú sales del diario El Universal luego de 19 años y llevabas ya mucho tiempo dibujando y siendo crítica. ¿Qué es lo que tiene de especial el momento en el que sales?

Unos meses antes de mi salida, el periódico fue vendido a un consorcio en España, un consorcio fantasma operado por el gobierno venezolano. El periódico todavía existía, pero su línea editorial crítica no. Se convirtió en un periódico de propaganda. Me empezaron a publicar caricaturas viejas y las que yo mandaba del día no aparecían. Yo lo denunciaba en las redes sociales porque era la única arma que tenía.

Me llamaron en un momento a una reunión con el nuevo editor y yo le dije que quería saber dos cosas: Primero, quién pagaba mi sueldo, y segundo, cuál iba a ser la nueva línea editorial del diario para saber si yo me quería quedar o ir. Ninguna de las dos respuestas me fue dada y simplemente se me dijo que tratara de bajar el nivel de crítica. Ya yo sabía que eso me iba a costar el trabajo.

Yo seguí publicando mi línea de siempre y llegó el día en que se publicó una caricatura sobre la salud en Venezuela, donde yo usé la firma de Chávez como un electrocardiograma. Esa firma de Chávez se había convertido en un ícono en Venezuela. Tocar esa imagen sagrada y deconstruirla fue lo que dio el pie a mi salida del diario. Ahí me llamó el editor y al día siguiente me dijo que estaba afuera.

¿Cómo impactó la muerte de Chávez en tus caricaturas, en tus dibujos, en la forma de representar lo que estabas haciendo?

En ese momento Chávez tenía un apoyo enorme en Venezuela. Cuando llegó la noticia de su muerte, me encontré con la responsabilidad de dibujar una caricatura.

Hacer una burla o hacer una fanfarria de la muerte de un ser humano no es un acto de valor. Estuve pensando… había mucha gente que lloraba por esa muerte. La mitad del país lloraba y la otra mitad celebraba. Cuando tienes un país tan polarizado, hay que tratar de comunicar, pero sin alimentar cosas que no son convenientes para la sociedad.

Mi editor me estuvo esperando hasta las ocho de la noche porque yo estaba dándole vueltas en la cabeza y gastando papel, hasta que me llegó la idea y fue la que se publicó: Un rey de ajedrez caído de color rojo. Esa fue la caricatura que quedó para la historia y yo quedé muy contenta con haberla hecho en un momento tan importante como ese.


3. La vida fuera de Venezuela


Tu mencionaste en un momento que las redes sociales te sirvieron para sacar la voz, sobre todo cuando tenías los problemas en el diario ¿Cómo te manejas hoy con ellas?

Cuando estaba en Venezuela eran muy importantes porque es lo que te ayuda a saber qué está pasando en el país con las otras personas que están conectadas. Ya no hay diarios, ya no hay como enterarse de una realidad en sí, porque hay muchas realidades o noticias falsas. En las redes también las hay, pero es una herramienta importante.

Ahora que estoy fuera, yo ya no publico en ningún diario, sino que soy mi propia editora. Tengo mis cuentas en varias redes y mis seguidores se mudaron a mis redes.

Eso también me ha dado una autopista para poder seguir realizando mi trabajo desde cualquier parte del mundo, para poder tener además una respuesta inmediata de los lectores.

Las redes sociales han sido fundamentales en lo que hemos vivido los venezolanos. Yo tenía miedo de aprender. Estudié cuando no existía nada de esto, entonces me ha tocado reaprender para poder seguir actualizada.

¿Ha cambiado tu caricatura? ¿Se sigue enfocando en Venezuela o ahora estando fuera se ha globalizado?

Desde que estoy fuera me siento mucho más útil porque mis últimos años en Venezuela fueron muy asfixiantes. Una vez que salí pude opinar desde esta tribuna sin sentir miedo. Si me hubiese quedado en Venezuela estaría presa o no hubiera podido seguir haciendo mi trabajo.

¿Cómo tomaste la decisión de salir de Venezuela?

Allá vives con miedo, en un país que te persigue, donde no tienes trabajo, donde dependes económicamente del estado totalitario. Yo no quería sentir esa falta de libertad económica ni política. Y dado el momento, pude aplicar a la visa de talento en los Estados Unidos.

¿Cómo se siente vivir en un país en el que, como inmigrante y extranjera, puedes criticar al presidente y a la sociedad que te acogió finalmente?

En el año en que llegué a los Estados Unidos estaba la campaña electoral. Mi primera exposición en Miami fue sobre Donald Trump y se llamó «Amor en tiempos de Trump». Fue una crítica absoluta a esta forma de gobierno.

He tocado el tema de Bachelet con respecto a su postura hacia Venezuela, su visita. Al mismo Papa… personajes que han sido importantes y relevantes. Uno trata de hurgar y de expresar cuál es el sentido real del trabajo que hacen y si en realidad lo hacen. Todo eso tiene un peso enorme.

Viniendo de un inmigrante, a veces puede ser un poco riesgoso, pero la exposición fue muy exitosa. Yo me sentí muy bien. Actualmente, he estado trabajando el tema de la inmigración. Todo lo que ha sido el proceso personal de inmigración: tomar la decisión de irse, el miedo al cambio, el arraigo, cómo se traduce esa nueva cultura. Estuve haciendo una investigación sobre el impacto psicológico de la inmigración. De ahí salió este trabajo que pude exponer aquí en Miami, en la ciudad de Houston, y que ahora estoy tratando de que lo llevemos a España.

En muchos aspectos este es un país donde hay mucha libertad, pero también hay muchas reglas y normas. Hay un sistema bastante rígido al cual hay que adaptarse. Veo que las libertades se han ido cercenando con las caricaturas, porque lo que pasó en el New York Times es una noticia gravísima. Sin embargo, esto está sucediendo a nivel mundial con lo que es la libertad de expresión.

No se entiende que podemos estar en desacuerdo pero que no nos tenemos que insultar.

Imagino que hay personas que están en contra de tu arte, que te critican ¿Te han amenazado alguna vez hasta el punto de haber sentido temor?

Cada vez que hago una caricatura sobre la Iglesia Católica recibo correos diciendo que me voy a ir al infierno. He pasado por todos los infiernos. Sé que el tema religioso se ha vuelto una especie de Mahoma intocable y creo que en las redes sociales hay mucho malestar. Hay una ola totalitaria que se mueve por las redes en el anonimato, en el insulto, y eso hace que muchas veces uno no quiera asomarse ahí porque es desagradable y tóxico. Pero lo importante aquí es el trato que hay detrás de todo esto.

En los últimos meses las redes sociales se han vuelto muy extremas, mucho más polarizadas. No hay argumentación. Ha habido una reducción en el espacio de discusión. No se entiende que podemos estar en desacuerdo pero que no nos tenemos que insultar.

4. La campaña fuera del papel

Cuéntanos de tu trabajo más allá de las caricaturas. Tienes una fundación…

Es una fundación que se llama «Más is more». Cuando emigras y ves que tu país se sigue destruyendo a distancia, hay un dolor porque es el Estado el que está negando ayuda y es muy difícil de suplantar al Estado. Dije: «Tengo casi un millón de seguidores en Twitter. Tengo muchos lectores. Tengo gente que me sigue… ¿cuál es mi aporte humano a la sociedad que estoy viendo que se destruye, más allá de mi dibujo?» Se me ocurrió entonces algo: «voy a pedir por las redes sociales que la gente que pueda comprar leche en Amazon o en cualquier tienda electrónica —fórmulas lácteas para niños de cualquier precio y cualquier marca— las puedan enviar a una dirección y yo ver cómo puedo hacer contacto aquí con algunas empresas de envío para Venezuela». Así nació la idea y esa semana llegó casi que la Vía Láctea a mi casa ¡Fue increíble! Llegaba leche de muchísimas partes del mundo. Ahí vi la importancia de la acción, de no esperar un gran día o un gran proyecto, sino hacerlo en pequeño, en casa. Utilizar las herramientas posibles para sentirnos útiles, conectados con el dolor ajeno.Si una sociedad no tiene una contención alimenticia, si no tiene cómo preservar la vida de sus hijos, es una sociedad quebrada y muerta. Eso es lo que está pasando en Venezuela. Con el tiempo pude formalizar la fundación. Todavía sigue siendo una empresa bastante casera. A veces son amigos, a veces son personas de la iglesia que se reúnen y traen leche y eso nos permite un envío mensual de insumos para colaborar con muchos niños. Algunos se han quedado en el camino, a otros los hemos podido recuperar. Ha sido una experiencia de vida.

Rayma, desde tu perspectiva, ¿hacia dónde crees que se dirige América Latina con todos estos últimos cambios que han aparecido y nuevos personajes en la historia? Tenemos a Bolsonaro en Brasil, a Duque en Colombia, a otros en Perú. En Chile también. Ha cambiado el paisaje de años atrás…

Creo que hoy hay caos y eso nos puede llevar a los extremos. Nos está llevando a eso.

El populismo ha sido la grave enfermedad de América Latina. Ese gran engaño que nos vendieron a todos nos ha hecho mucho daño. Nos ha enmascarado… en la política, en los líderes.

Por ejemplo, en el caso de Venezuela, la campaña de Chávez fue una de las campañas proyectadas de izquierda para ayudar a la gente más pobre, pero fue un gran engaño y terminó siendo un gobierno militarista.

La democracia también puede ser de un valor cuestionable ¿Por qué a veces se dice que la democracia es solo el voto? Los dictadores ya saben que pueden ganar elecciones. Da lo mismo ser de izquierda o de derecha… si eres un asesino, qué importa.

Nos estamos cuestionando todo, que es algo positivo, y el trabajo del caricaturista siempre va a estar más allá.

Tenemos que volver a conectarnos con esos valores que nos hacen trabajar por una sociedad más justa y en eso estamos aprendiendo todos, por supuesto.

¿Cuáles son tus próximos proyectos? ¿Tienes algo en lo que estés trabajando, algo que nos puedas contar?

Con respecto a mis proyectos, la exposición que quiero llevar a España. Creo que será muy particular, porque es como la reconquista. A nosotros nos conquistaron los españoles y ahora los venezolanos regresamos a España a hacer un trabajo de retorno. El humor va a estar presente en este proceso psicológico de vida. Es como si Cristóbal Colón pudiese regresar a buscar a sus antepasados y creo que son muchos venezolanos que viven ese proceso ahora. Hay un lenguaje en común que me va a ayudar a desarrollar muchas escenas con las que creo que la gente se sentirá muy identificada.

¿Alguna vez has dibujado esperanza? ¿Cómo te gustaría dibujar a Venezuela?

A mí me tocó dibujar 20 años de destrucción de Venezuela. Yo quiero dibujar 20 años de construcción de un país cuando la situación cambie. Van a quedar heridas, sí. También hay que dibujarlas.

Yo tengo mucha esperanza. La esperanza la dibujé una vez en un tarot que publiqué por 60 días. Era una silla de madera de donde brotaba una pequeña rama de árbol, para demostrar que todo se puede transformar en algo bueno.

Tenemos que volver a conectarnos con esos valores que nos hacen trabajar por una sociedad más justa y en eso estamos aprendiendo todos, por supuesto.


Disclaimer:

Las opiniones y declaraciones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del entrevistado y no necesariamente representan al equipo de Disidentes.org, a la Fundación para el Progreso o a las organizaciones que colaboran con este proyecto. Lo mismo es válido para las opiniones, declaraciones y acciones de los entrevistados en otros momentos y contextos, tanto en el pasado como en el futuro.